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Consideraciones sobre la consulta pediátrica en invierno

Con las bajas temperaturas, aumentan los brotes de enfermedades estacionales.

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Durante la época de invierno, se hace especial énfasis en la protección y prevención de enfermedades estacionales en los grupos de riesgo, en donde están las mujeres embarazadas, los adultos mayores, las personas que padecen alguna enfermedad crónica y, por supuesto, los niños.

Los niños se encuentran en un proceso de desarrollo que requiere, además de cuidados médicos durante las bajas temperaturas. Las vacunas administradas para fortalecer sus defensas no lo pueden proteger de todos tipos de enfermedades invernales. Y es que no solo están expuestos a la gripe, sino también a la bronquitis, la bronquiolitis, la neumonía, y el virus sincicial respiratorio, así como también a la intoxicación por inhalación de monóxido de carbono o a la dermatitis atópica.

Los padres deben llevar a la consulta médica apenas perciban los primeros síntomas de una infección respiratoria para tratarla a tiempo y evitar que el cuadro se agrave. El equipo de salud ha sido instruido para atender dolencias y emergencias relacionadas con el invierno, por lo que la automedicación del niño –que es bastante común- no es recomendable, ya que no solo se abre la puerta a una posible intoxicación, sino que también se estaría ocultando los síntomas de una enfermedad más grave y demorando su diagnóstico. Por tal razón, el padre o representante debe ofrecer líquido en cantidad abundante al niño, y no usar aspirina ni ningún medicamentos que el pediatra haya indicado
Una vez que el niño ingresa a la consulta, el médico pediatra evaluará los síntomas y ofrecerá un tratamiento. El Ministerio de Salud de Argentina establece que un bebé y/o niño necesita atención médica urgente cuando:
• Presenta decaimiento y rechaza el alimento.
• Respira rápido y con silbidos o ronquidos.
• Se le hunde el pecho al respirar.
• Tiene alta temperatura corporal (+ de 38°C)
• El riesgo es mayor si el bebé tiene menos de tres meses o bien pesa poco o nació prematuro.

Por tal razón, el gobierno adelantó la estrategia de atención conocida como “internación abreviada”, la cual ha sido eficaz, según información de la Casa Rosada, en la reducción del número de internaciones en los hospitales y en la mejora de la calidad de la atención de esos cuadros.

La estrategia consiste en que cuando un niño llega a un centro de salud presentando alguno de los “signos de alarma” propios de estos cuadros —fiebre, dificultad respiratoria, a veces con ruidos o hundimiento del pecho, tos, decaimiento—, su estado es evaluado por el equipo médico. Luego, se le administran medicamentos y se mantiene en observación por algunas horas dentro de un área especial del mismo centro. Si mejora, puede volver a su casa con medidas de cuidado y tratamiento, debiendo regresar para un control 24 horas después. Si no responde al tratamiento, es derivado al hospital.

Según estimaciones, la mayoría de los casos que llegan a la consulta médica se resuelven, afortunadamente, con tratamientos comunes: verificación y aspirado de secreciones nasales, aplicación de vapor, control de temperatura, suministro de oxígeno en caso de tener dificultad para respirar o nutrición por vía intravenosa, etc. De los casos más serios, la bronquiolitis es la de mayor incidencia.

Aunque el equipo de salud prestará el servicio que la situación amerite, debe también recomendar la aplicación de todas las vacunas del Calendario Nacional para reforzar la prevención y evitar así que el niño sufra alguna de las infecciones respiratorias típicas de la época invernal. Están entre las recomendaciones:

• Abrigo lógico, no excesivo.
• Alimentar a los bebés exclusivamente con lactancia materna hasta los 6 meses, agregando a partir de esa edad alimentos complementarios adecuados.
• Alimentar a los niños no lactantes con una dieta rica en proteínas y calorías e hidrato de carbono.
• Aplicar a los niños todas las vacunas del Calendario Nacional.
• Evitar el contacto de los niños con personas afectadas por enfermedades respiratorias.
• Lavarse frecuentemente las manos, sobre todo antes y después de ir al baño, preparar comida o cambiarle los pañales al bebé.
• Cuidar el aire interior de las viviendas, evitando el humo de cigarrillo o de leña, y ventilando las habitaciones donde hay brasas o una llama (porque producen un gas venenoso, el Monóxido de Carbono, que no se ve ni tiene olor).
• Cuidar la casa de la humedad, evitando que se junte vapor en los ambientes para que no se desarrollen bacterias o moho.
• Evitar la aplicación de insecticidas en aerosol.

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