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Hipertensión arterial: enfermedad silenciosa, tratamiento multifactorial

La enfermedad es responsable del 80% de las muertes cardiovasculares en el mundo.

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Enfermedad latente. Asesina silenciosa. Pese a que, en términos estadísticos, la hipertensión desarrolla y visibiliza sintomatología leve como dolores de cabeza, dificultades respiratorias, vértigos, dolor torácico, palpitaciones, o hemorragias nasales, la mayoría de los pacientes afectados no exhibe fácilmente síntomas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) califica a la hipertensión como un trastorno en el que los vasos sanguíneos registran una tensión persistentemente alta, lo que puede dañarlos. Dado que la tensión arterial es aquella fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de los vasos al ser bombeada por el corazón, cuanta más alta sea la tensión mayor será el esfuerzo que tendrá que realizar el corazón para bombear.

Las estadísticas de la OMS establecen que la tensión arterial normal en adultos es de 120 mm Hg cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 mm Hg cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). Por consiguiente, cuando la tensión sistólica es igual o superior a 140 mm Hg y/o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg, la tensión arterial se considera alta o elevada.

El corazón y los vasos sanguíneos relativos al cerebro y los riñones, los más vulnerables. La hipertensión es considerada a nivel global como la causa de tipo prevenible más importante de enfermedades cardiovasculares y ACV. A consecuencia, la enfermedad puede provocar infarto de miocardio, ensanchamiento del corazón y, en el tiempo, insuficiencias cardíacas. Además, los vasos sanguíneos pueden desarrollar protuberancias (aneurismas) y zonas débiles que los hacen más susceptibles a la obstrucción y su correlativo rompimiento. La tensión arterial puede provocar el filtrado de sangre en el cerebro, desencadenado finalmente un accidente cerebrovascular. Asimismo, la hipertensión arterial puede provocar deficiencia renal, ceguera y deterioro cognitivo.


ENFERMEDAD SILENCIOSA

Según la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), las principales fallas de conocimiento y control de la enfermedad deben nuclearse en torno a tres actores esenciales. En primer lugar, los pacientes: mala adherencia, efectos adversos, costos elevados, y déficit de memoria. En segundo lugar, los profesionales: dosis bajas, drogas insuficientes, combinaciones irracionales, e inercia médica. Finalmente, en tercer lugar, las sociedades científicas: fallas en la política de la salud, escaso tiempo en las consultas, dificultades en la prescripción, y falta de campañas masivas. De este modo, y a modo de síntesis, desde la institución nacional se define a la hipertensión como “una enfermedad cada vez más frecuente, que se constituye en el principal factor de riesgo cardiovascular mundial debido al bajo control y su correlativo alto grado de desconocimiento, fundamentalmente en la franja etaria más joven”.

TRATAMIENTO MULTIFACTORIAL

Debido a que la enfermedad no registra cura y, por consiguiente, su principal tratamiento deviene en un profuso control para la disminución de los riesgos, la modificación del estilo de vida constituye el aspecto esencial para controlar la tensión arterial, como por ejemplo el abandono del consumo de tabaco, la adopción de una dieta nutricionalmente saludable, la realización de ejercicio con asiduidad y la evasión del uso nocivo del alcohol, al tiempo que la reducción de la ingesta de sal también puede ser determinante.

Con respecto a la dieta saludable, se promueve la reducción de la ingesta de sal a menos de 5 g al día, la inclusión diaria de cinco porciones de fruta y verdura, la paulatina eliminación del total de grasas, en especial las saturadas, y la limitación del uso nocivo del alcohol. Por su parte, la actividad física contempla la realización de deportes de manera regular por el lapso aproximado de 30 minutos al día, y el mantenimiento de un peso normal dado que cada pérdida de 5 kg de exceso de peso puede reducir la tensión arterial sistólica entre 2 y 10 puntos. Por último, además del abandono del consumo de tabaco y la exposición a los productos de tabaco, la gestión del stress de una forma saludable se instituye en un factor fundamental para el desarrollo de una vida cada vez más saludable.

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